Fingir un siniestro a veces sale caro

siniestroDetenidos los propietarios de una administración de lotería por simular un robo

Como decíamos en nuestro último post, los asegurados que cometen fraude tienen la culpa de que los aseguradores hagan pagar a justos por pecadores, dada la dificultad de medir qué siniestros son reales y cuáles son en realidad un fraude.

Es noticia hoy que una pareja sexagenaria, propietarios de una administración de lotería en San Blás, Madrid, ha cometido un fraude de seguros al denunciar ser objeto de sucesivos atracos desde 2010 que han costado a las aseguradoras 200.000€ de indemnizaciones.

La policia ha acabado con los delincuentes estafadores

Según informa ABC, “En esta última ocasión, y con el fin de evitar un nuevo atraco, los agentes establecieron un discreto dispositivo en torno al local comercial durante los diez primeros días del año. Durante la vigilancia policial, los agentes constataron que no sucedió nada anormal tramitando las correspondientes actas de vigilancia.”

Días después los asegurados estafadores denunciaron haber sido víctima de un nuevo atraco, pero en esta ocasión su estafa quedó al descubierto pues durante el supuesto atraco la policía había estado vigilando el establecimiento.

Pagan justos por pecadores

Este tipo de casos son muy dañinos para el conjunto de asegurados.

El seguro de robo de las administraciones de lotería, como el de estancos es un sector que encuentra dificultades en ver asegurado el robo de sus establecimientos, por la gran cantidad de siniestros a que se enfrentan. Cierto es que reciben muchos robos porque concentran en momentos concretos mucho dinero, sacas de tabaco en el caso de estancos, recaudaciones de sorteos en el de las administraciones de lotería.

Selección y mediación

La buena selección de riesgos y un buen y honrado mediador podría haberlo evitado. No es imposible, pero se hace más difícil el fraude si el mediador hace bien su trabajo y conoce a sus clientes. Lo mismo puede decirse del asegurador y de todos los intervinientes en el siniestro, que si hacen bien su trabajo, representan un gran inconveniente para quienes pretenden cometer un fraude.

No es justo que, en caso contrario, paguen justos por pecadores, ya sea pagando más por sus seguros, ya viendo rechazados sus siniestros.

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